Cañadas Reales

Poder y riqueza

Grandes rebaños cruzan los campos sorianos. Son la herencia de una forma de vida, que llegó a tener una "enorme" función, dentro de la economía castellana.

 

Si hay algo que ha recibido gran mimo por parte de la monarquía es sin duda la Mesta. Comienza a organizarse a partir de los siglos XI-XII los pastos de verano como los de invierno. Ya en esta época se llevaba el ganado hacia el sur, puesto que existía entre los terrenos árabes y cristianos una franja de tierra de nadie que carecía de importancia para la agricultura. Las incursiones bélicas se solían realizar en verano, pudiendo quedar las cosechas a expensas de la devastación y el saqueo. Estas tierras eran recorridas por los pastores y sus ganados en otoño e invierno, llevando las borregadas a las tierras de montañas en primavera y en verano, que por humedad y clima, conservaban los pastos.

Pero es en el siglo XIII cuando empieza a adquirir su verdadera importancia. A partir de la batalla de las Navas de Tolosa en 1212 la puerta queda abierta a la reconquista. Entre 1230 y 1238 Fernando III se apodera de Andujar, Baeza, Jaén y Sevilla, además de otras localidades. En 1252 Jerez y Cádiz pasan a manos castellano-leonesas, limitando la presencia musulmana a los reinos de Niebla y Granada. En el año 1260 tan solo el reino de Granada se mantiene en manos musulmanas. Las nuevas tierras adquiridas con la reconquista abren un abanico de posibilidades a las sociedades ganaderas.

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La tropilla lanar y vacuna se expande por las tierras obtenidas recientemente en Extremadura, Castilla la Mancha y Andalucía. Como consecuencia directa van a adquirir una gran importancia económica, dando lugar a la formación de una sociedad pastoril en toda regla. Esta surge como ya hemos citado por la importancia económica que cobra, pero también hay que buscar la causa en la extensión agrícola que favorece la creación de una asociación de pastores para vigilar sus intereses. Se reúnen en asambleas que se denominan mestas.

Entre los años 1.260 y 1.265 se forma el Real Concejo de la Mesta, llevando el ganado vacuno y ovino desde las montañas castellano-leonesas a las tierras del Sur conquistadas al Islam.

Alfonso X reunió las diversas mestas en una asociación que llamó el Honrado Concejo de la Mesta, poniendolo bajo su protección en 1.273. Reciben privilegios, usufructos, conservando caminos trashumantes o cañadas, y los lugares de descanso y pasto en ruta, a la vez que se defendería los intereses de agricultores y pastores, evitando los conflictos entre ellos. Incluso se designan funcionarios que garanticen el ganado trashumante, alcaldes de Mesta, de corral y de cuadrilla. Los pastores se organizan en grupos para ayudarse mutuamente aunque no siempre fue así.

Se busca cuidar relaciones con los campesinos, cuidar la organización y cuidar el buen desarrollo. Se obtienen exenciones de portazgos, montazgos y otros pagos. La cabaña de la Mesta llegó a contar con el millón de cabezas.

Pasa a ser una fuente de riqueza considerable para aristocracia, tanto laica como eclesiástica, como consecuencia del floreciente comercio de exportación que se establece con Flandes y en pugna directa con Inglaterra. También está la exportación de materia prima a la industria textil de los restantes reinos peninsulares, industria bastante escasa por otro lado.

La calidad de la lana mejora en el siglo XIV mediante el cruce de ovejas churras con corderos merinos importados del norte de África. Ésta fue una fuente de ingresos muy significativo para la corona, pues se obtenían diversos impuestos, además de los propios del paso del ganado. La grandeza del Honrado Concejo se extendió durante la Edad Media y la Edad Moderna, siendo uno de los motores económicos de Castilla.

A partir del siglo XVIII la Mesta va perdiendo fuerza con la llegada de la ilustración y las ideas liberales, situación que aprovechan sus enemigos tradicionales, como los concejos extremeños, que querían imponer sus ordenanzas frente a los privilegios de la Mesta, o los agricultores y ganaderos estantes de Castilla. Se debilitará el poder de la Mesta hasta conseguir su disolución, que se concreta el 22 de Julio de 1827, a raíz del hundimiento del precio de la lana. Se hace definitivamente efectivo en 1836. Hoy día la trashumancia se mantiene de forma escasa, limitándose a grupos aislados.

A pesar de la disolución del Honrado Concejo de la Mesta, que logra acabar con la institución, no consigue romper con los hábitos pastoriles que arraigaron con gran fuerza y se entierran en el amplio patrimonio de la provincia. Prevalece una cultura ganadera que va más allá del simple paseo de rebaños.

Los caminos discurridos por los pastores han de incluirse dentro de las rutas de interés por tradición y belleza de los parajes que cruzan. Pueblo a pueblo y villa a villa, las sendas pastoriles ofrecen historias interesantes al visitante. Profunda forma de vida que influye en costumbres, tradiciones y gastronomía, y la propia idiosincrasia del pueblo que sería difícil de explicar sin la trashumancia.

 

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