Las fortalezas del Duero

Zonas de litigio, partes confrontadas

Codiciadas y perseguidas, las fortalezas del Duero, llave ineludible para el control del territorio, provocaron múltiples enfrentamientos que bañaron de sangre su laderas y su historia.

herrero
Durante prácticamente los dos primeros siglos de dominación musulmana, los cristianos del norte no representaron ningún peligro. Recluidos en las zonas de montaña, desorganizados y prácticamente sin recursos. Con una franja amplia de tierra de nadie que hacía parecer una amenaza tan lejana, que por el momento no debía preocupar en exceso al mundo árabe. De vez en cuando se realizaba alguna expedición de castigo, para recordar a los cristianos que “Alá es fuerte”, pero a líneas generales no se debieron tomar muy en serio a los núcleos cristianos. Bárbaros analfabetos y atrasados, incapaces de incomodar seriamente el Orden de Córdoba.

Los reinos cristianos por su parte, se fueron organizando y adquiriendo una articulación sólida y estable y como consecuencia extendiéndose hacia el sur, hasta alcanzar el Duero a finales del siglo IX. Se crearon asentamientos estables y fortificaron sus posesiones. Es en esta época cuando los musulmanes al notar el peligro en la puerta de casa, deciden reforzar también sus posiciones. Crean un entramado defensivo que da lugar a la rica variedad de arquitectura militar a lo largo del Duero, a partir del siglo IX.

Casi tres siglos de conflictos en esa zona con los musulmanes, a los que se sumaran los conflictos fronterizos con los reinos cristianos orientales. Las fortificaciones que se construyen, lejos de ser estáticas, cambian continuamente de manos. Cada vez que se toma una fortaleza, hay que volver reconstruir las defensas derruidas, con una evolución en las estructuras de las construcciones.

Los pasos del Duero cobraron una importancia enorme y se estableció una serie de fortalezas en los márgenes del río, que permitían el control estratégico. Asi cuando los cristianos llegan al margen del Duero en la provincia de Soria, por el 912 aproximadamente, se establecen las fortalezas de Gormaz, San Esteban de Gormaz y Osma. Por su parte los musulmanes trasladan la Capital de la Marca Media de Toledo a Medinaceli, al centro del conflicto. Se establece un sistema de vigilancia a través de una red de atalayas, intercomunicadas entre sí y con las fortalezas. Además se refuerzan las poblaciones, que actuarán como puntos de control del territorio y puestos avanzados de las sucesivas expediciones militares que se llevan a cabo desde Medinaceli.

A partir de este momento se establece un pulso entre las distintas fracciones por el control del territorio. Las fortalezas cambian continuamente de manos, convirtiéndose en una guerra de desgaste. Esta situación se mantiene en Soria durante los siglos X-XI y parte del XII. La lucha en este territorio tuvo una significación especial por el grado de resistencia. Mientras que en otros lugares la guerra había abandonado el Duero hacía tiempo, en la provincia Soriana los musulmanes resistieron con especial pasión. También es cierto que era una zona confusa, pues a la guerra entre castellanos y musulmanes, se unían las pretensiones aragonesas. Pero la realidad si nos ceñimos a los acontecimientos, es que Toledo, en la rivera del Tajo, había caído en el año 1085, mientras que Medinaceli se rindió “Al Batallador” en el año 1123, casi cuarenta años más tarde.


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